domingo, 30 de noviembre de 2008

viernes, 7 de noviembre de 2008

Usted no sabe..


-Necesito tu ayuda…Por favor…
La mente cruzó los brazos y miró desafiante al corazón. No quería pronunciar las palabras que sabían le iban a herir, pero no pudo evitarlo.
-Te lo advertí desde hace mucho tiempo-le dijo- Siempre he tratado que me hicieses caso pero tu una y otra vez te empeñas en no escucharme cuando te hablo y ahora vienes a pedirme ayuda? ¿ Para que? ¿Para que mañana, cuando vuelvas a verlo, saltes otra vez de alegría y hagas oídos sordos a lo que yo te digo?
- Sabes que desde hace algún tiempo ya no es así. Ahora procuro no acelerarme en su presencia y no creer en sus palabras, pero entiéndeme, estoy envenenado de él- Las palabras del corazón eran como una suplica- Estoy roto en mil pedazos y si, me lo estabas advirtiendo y yo no te escuché…
-No solo eso- le espetó la mente- sino que te dedicaste a ponerme una venda para que no viese más allá cada vez que yo descubría algo nuevo. Callaste mi voz con lindas canciones de amor para no oir lo que tenía que decirte. Llegaste a envenenarme a mi también. Me costó mucho volver por mis fueros para que vuelva a creer que estás totalmente seguro de querer recomponer tus pedazos. No se… - Su mirada ya no era tan desafiante y se acercó lentamente al corazón- Anda dime ¿ que ha pasado? ¿Qué quieres que haga para ayudarte?
¿ Que que ha pasado?- sollozó- Pues lo que tu venias diciéndome, que me estaba equivocando, que las palabras que yo creí, eran solo fruto de mi irresponsable y desaforado latido. Que las bellas canciones solo las escuchaba yo y que aquellos sueños que compartí contigo eran fantasías, más propias de un corazón adolescente que de mi mismo, que ya tengo una edad y bastante camino andado…
- Y casi siempre te tropiezas en el mismo sitio-puntualizó la mente.
- Pero ahora crei que era distinto, le creí…era como un alma gemela esperando que alguien le ayudase y yo…
- -Y tu que te crees lo máximo de la galaxia corriste a rescatarle¿ Y ves en lo que has acabado? Roto. Ahora a ver como componemos tanto destrozo…
Mente y corazón ya estaban abrazados, ambos habían sufrido la misma caída. Uno por loco e irresponsable y la otra por volver a dejarlo cabalgar a su aire.
- ¿Qué podemos hacer para curarte?- le dijo
- Ante todo no dejes de recordarme palabra por palabra todo lo que él me dijo, eso me ayudará. Si me ves saltar alguna vez por algo que diga o haga, no lo dudes, lánzame los pensamientos tanto los anteriores como los actuales. Si intento convencerte de algo, tócame en la herida, no importa, cuanto más daño me hagas, más pronto reaccionaré. Pero sobre todo…no me dejes solo, no me dejes mirarlo a mi, ni escucharlo, ni siquiera olerlo…hazlo tu, por favor. Si yo escucho aunque solo sea una palabra, sabes que estoy perdido…y ya has visto que últimamente procuro que seas tu la que estés en todo momento cuando está a mi lado, pero aun tengo miedo…Aun estoy demasiado débil y necesito encontrar fuerzas para volver a latir con normalidad.
- No te preocupes-dijo la mente- Es complicado para ambos, ya te dije que incluso a mi me envenenaste de tanto amor y me hiciste perder a mi amiga la razón, por no hablar de la cordura, que esa hace tiempo que cuando te ve empezar a latir ya huye sin contemplación ninguna. Déjame que trate hacerlas volver e intentaremos ir colocando en su sitio cada trocito. Pero no va ser fácil. Te queda un largo camino y yo estaré allí para ayudarte. Si saltas te diré que nunca te quiso, si lates más deprisa de lo normal te volveré a explicar como te utilizó, si cierras los ojos en busca del más mínimo sueño, te mandaré la pesadilla de ver como no has sido nada para él. Si sientes aunque solo sea un instante de deseo te recordaré el motivo por el cual jamás te hizo el amor…De momento eso es lo primero que se me ocurre…
El corazón se levantó como pudo para abrazar más fuerte a la mente, no quería separarse de ella, sabía que era su tabla de salvación y casi en un sollozo le pidió:- No me vuelvas a dejar caer, por favor… Te necesito
- No lo haré, jamás lo hice, aunque no me escuchases, pero ahora tenemos que estar así, abrazados, juntos, sin despegarnos. Solo asi lograremos recomponer cada uno de tus pedazos y quien sabe…algún día podrás volver a latir solo.
- Lo dudo…
La mente no lo dijo en voz alta, pero ella también lo dudaba…

jueves, 6 de noviembre de 2008

Ultimas noticias...


Según la Real academia de las ciencias, especializadas en los sentimientos y desamores, han descubierto que el ser humano posee una especie de botón de encendido y apagado al igual que un graduador, como si de un volumen se tratase para eso precisamente, para graduar la intensidad con que se quiere o se debe sentir, a gusto de cada uno.
Esto consiste en que cada persona, cuando inicia una relación él mismo puede elegir la intensidad con la que ama y así no se lleva sorpresas desagradables si dicha relación no sale bien. También es sabido que, hay individuos que le dan en exceso al volumen y otros menos. La insigne academia también ha considerado que eso es normal, siempre hay uno que quiere más que el otro.
Se ha dado el caso, en un estudio realizado, de personas que manejan estos graduadores a la perfección y otros no tanto, pero dicho estudio resolvió que los individuos que no lo manejan bien, en realidad es por que no quieren, son masoquistas, y les encanta el sufrimiento que proporciona el desamor.
Al igual sucede con el botón de encendido y apagado, o como vulgarmente se le conoce 0n/ off. Todo ser humano tiene el conocimiento necesario para utilizarlo cuando una relación empieza y cuando acaba. Si sabemos encender y apagar un televisor…como no vamos a saber hacerlo con nuestro corazón que es parte de nuestro cuerpo.
Al terminar la relación de la que hablábamos, siempre avalado todo por la Real academia de las ciencias, especializadas en sentimientos y desamores, cada una de las personas que componían esa pareja apretando el susodicho botoncito de off ya no sienten más. Ni tristeza, ni melancolía, ni por supuesto rabia. Y desde el mismo momento en que pusieron fin, ya no debe existir ninguna preocupación ni inquietud por el otro individuo. Desde el momento en que se acciona el off, se acaban sentimientos de todo tipo. Aunque hay quien lo deja en On porque como ya dijimos antes sufren trastornos de masoquismo.
No se descartan nuevos estudios de este tipo para seguir investigando las actitudes propias de los humanos.
( ¡Dios mio! Yo no soy humana…yo nací sin esos graduadores o quizás…¿ es que pertenezco a la especie que es masoquista? Tendré que ofrecerme como miembro de estudio…)

martes, 4 de noviembre de 2008

El camino hasta aqui...


¿Entonces que es lo que estamos haciendo? ¿Perdiendo el tiempo?...No se porque al sentarme me vino esa frase a la memoria. ¿ Si te acuerdas de ella? Salió de tu boca, me la dijiste hace algún tiempo, cuando yo te dije que tu jamás tendrías valor para afrontar tu situación y luchar por algo mejor. Y ahora, solo sabes repetir que sabías que esto iba a pasar y que evitabas daños más grandes.
No se como valoras tu el dolor, ni si lo cuantificas por tiempo o quizás por vivencias. Si es así te diré que para mi me ha sobrado tiempo de dolor y si es por vivencias compartidas, de esas me sobran cada vez que me daba cuenta de que nuestros sentimientos no andaban de la mano.
Hoy volví a mostrarte la puerta de mis sentimientos y de mis inquietudes, algo que me juré a mi misma que no volvería a hacer, pero contigo mis juramentos se van al traste cada vez que te tengo al lado. Tuve la necesidad de mostrarte que sabía la razón de tantas escusas y tantos sinsabores. Y tu…lo negaste una y mil veces. ¡Como me gustaría poder creerte! Pero lo cierto es que ahora me resulta muy complicado, por no decir imposible volver a confiar en ti.
Quise abrirte tanto la puerta del dolor que me habías causado, que hasta tuve la intención de marcarte el camino para que llegases hasta aquí y leyeses lo que dia tras día había reconcomido mi alma y mis entrañas. Creo que no llegarás, es más ,si en algún momento me hubiese echado un poquito en falta, hace días que todo este pequeño diario ya lo habrías leído, porque el camino hasta aquí está marcado en un sitio donde puse todo mi corazón hace algunas semanas. Pero si me equivoco y me estás leyendo, no me importa…Léeme, pero desde el principio, desde el primer día que abrí mi dolor a la libertad que da poder gritar la rabia y el desespero ante el anonimato.
Y aun asi imagino que no entenderás nada, porque sigues pensando que no es posible tanto amor. Vuelvo a preguntarte ¿ como cuantificas tu los sentimientos? ¿ En que sistema métrico los mides? Si es de tiempo…ni yo misma se desde cuando hace que te quiero, si es por vivencias… cada una de ellas a tu lado han sido un todo para mí. Solo se querer asi…sin medida.
Si después de todo lo que hayas leído sigues pensando que no es posible, que tu has obrado correctamente y que yo exagero ni tan siquiera un mínimo, es que jamás miraste más allá de lo que querías ver. Aunque de eso, ahora ya no me cabe la menor duda.

sábado, 1 de noviembre de 2008

¿ Un principe?


Siempre me gustó creer en los cuentos de hadas, con sus princesas, sus príncipes y esos amores tan maravillosos. Creía en ellos, pero para los demás, alguien habría en el planeta que tuviese la suerte de que su vida resultase como esos bellos relatos. Para la mía, desde luego no. Lo tenía clarísimo, jamás tendría un príncipe azul, lo más que llegaban era a marrón y evitaré hacer el comentario de a que se parecía dicho color.
Así iba transcurriendo mi vida, unas veces más feliz otras menos, pero una vida bastante tranquila, dentro de lo que a mi entorno se le puede catalogar de tranquilo, claro está. Y un buen día, aun no se porque empecé a creer que tenía delante un príncipe. No era de los de esbelta figura y rostro varonil, pero yo lo encontraba lindo y cada día me gustaba más, tanto que para mi resultó ser el príncipe más hermoso de toda la creación(¡ válgame el cielo!). Estar cerca suyo era como estar en un palacio encantado, lleno de bailes y haditas revoloteando alrededor. Tal era la magnitud de aquellas sensaciones, que cuando me quise dar cuenta había bebido la pócima mágica del amor. Estaba totalmente perdida y enamorada de él. Creía a pies juntillas todo lo que aquel maravilloso príncipe me contaba, su triste vida, sus dolencias, sus desamores… me propuse ser la cura a todas sus penas. Uno de sus encantos era saber hacerme reir o quizás es que yo me sentía tan feliz a su lado, que todo me parecía divertido, lo cierto es que ansiaba el momento de ir corriendo a ese palacio que yo había creado para los dos ( y que cara pagué la subida del “Euribor”). Como en todo buen cuento de príncipes y princesas que se precie, un buen día se me declaró, si a eso se le puede llamar declaración, pero en fin… para mi lo era y como mi sueño se estaba cumpliendo, empecé a comprar todos los”muebles” y accesorios para nuestra futura vida en común. Llené el palacio de dulzura, ternura, frases de amor a todas horas y me empeciné en convencerle que no había príncipe más apuesto que él en ningún reino cercano. Tuvimos alguna desavenencia en este tiempo, porque lo cierto es que de vez en cuando lo veía más parecido a un plebeyo cualquiera, que al príncipe que me había robado el alma. Pero como estaba ciega y no veía más allá de lo que me decía, le creía, deseaba creerle.
Tanto fue la devoción que yo le tenía, que decidí contarle mi más preciado secreto, muerta de miedo, pensando que quizás podía perderle, pero tenía que arriesgarme…¿donde se había visto que una princesa no contase a su amado los más íntimos y oscuros huecos de su vida?( si me hubiese callado la boca, algo más habría ganado, ya veréis ya) Aquel pedazo de historia que tenía que contarle es parecido a como abrir un cinturón de castidad sin lastimarse, algo por el estilo y para situarlo mejor en el cuento de hadas.
Resultó que, mi príncipe, no solo dijo tener la llave de aquel cinturón, sino estar dispuesto a liberarme de él sin más. ¿Podeis imaginar la alegría que sentí? Era Él, el príncipe azul de los cuentos y era Mio, solo para mí( ja, ja, ja). Claro está, yo sabía de una bruja malvada que lo tenía casi prisionero en un castillo y debía andar con mucho tiento para que dicha bruja no sospechase, porque le había amenazado con una maldición horripilante si trataba de escapar de sus garras. ¡ Pobrecito!-me decía yo a mi misma- Y pobrecita de mí…
Durante muchas, semanas y meses fuimos del amor más maravilloso( siempre encerrados en el palacio que yo estaba construyendo) a múltiples disputas…Yo necesitaba darme una vuelta por los jardines de palacio, subida en su corcel y galopar a través del viento. ¿A que suena bonito? Pues en eso se quedaba, jamás consintió en llevarme a lomo de su caballo ni aunque fuera una vueltecita pequeña. Y de lo de la llave, ya ni hablemos, jamás se propuso probar si sabía como funcionaba, eso si, enseñarme que la tenía, lo hacía continuamente, mezclado con bellas palabras y innumerables escusas. Y yo…le creía, mi príncipe no podía ser como todos… él era especial y tenía un serio problema evitando la maldición de la diabólica bruja.
Pero aquel cinturón cada vez a mi se me hacia más irritante, deseaba quitármelo aunque fuese un momentito, resultó ser desesperante y por supuesto eso fue cayendo sobre nosotros. Yo trataba de mil maneras distintas de convencerlo, para mi era importante, era como la unión de nuestro amor, quería que me demostrase que no tenía miedo a hacerse daño al abrirlo, yo quería demostrale que no había nada que temer, solo tenía que dejarse llevar por su amor por mi(otra vez ja, ja y ja) y nada iba a pasar.
Siguieron pasando los días y a mi ya me envolvía la duda de si realmente me amaba tal y como decía o simplemente es que se sentía cómodo en el palacio. Mi sufrimiento fue en aumento, cada día me encontraba más triste e iba viendo con claridad lo que estaba sucediendo. No me quería, jamás lo había hecho, solo el confort de todas aquellas delicadezas que yo ponía a su paso, era lo que le ataban a mi, ni un solo sentimiento. Bueno uno si…un pavor horroroso a abrir aquel dichoso cinturón de castidad. No lo reconoció jamás, pero buscaba cientos y cientos de escusas para no encontrarse en la tesitura de tener que abrirlo, y por Dios que las encontró, muy a mi pesar.
Resultó que mi príncipe tenía que viajar a un reino lejano, por motivos de la corte. Yo creí, soñé en ese viaje junto a él, pero como siempre las cosas se dieron de la misma manera: yo no podía acompañarlo.
Sentí tanta rabia y tanto dolor, mis ojos empezaron a abrirse del todo. Vi todo el tiempo perdido, todas las mentiras dichas, todas mis frustraciones acumuladas, todas mis lagrimas y todos mis anelos tirados por tierra. ¿Y creeis que hizo algo al respecto? No, se subió en su caballo sin más, para partir lo más rápido posible, sin sentir el más mínimo dolor por dejarme allí. Así que cuando se disponía a marchar y con la apatía hacia mi persona que le caracterizaba se agachó levemente para darme un beso de despedida y en ese beso ocurrió… Como en todo buen cuento que se precie, pero este a la inversa, cuando besé al príncipe… se convirtió en Sapo… Y colorín colorado esta historia se a acabado.
PD: El palacio lo estoy desamueblando poco a poco, y aun de vez en cuando el sapo ronda por allí. Lo bueno es el haberlo reconicido como tal e ir dejándolo poco a poco en su charca.