domingo, 26 de octubre de 2008

The End



¡ Joder! ¿Quién será ahora?- Estaba medio dormida en el sofá. Mi hija hacia un rato que ya se había marchado y yo decidí descansar un poco. Últimamente intentaba dormir siempre que me era posible, así no pensaba demasiado.
Abrí la puerta, dispuesta a cerrársela en la cara al primer vendedor de tres al cuarto que hubiese tenido la osadía de interrumpir mi siesta.
Y allí estabas tú.
-¿Qué haces aquí?- Fue lo único que mi corazón latiendo como un loco y mi cabeza dando mil vueltas, se pusieron de acuerdo en decir.
-Demostrarte lo equivocada que estás- Y sin darme tiempo a nada más, empujaste la puerta y cogiéndome en brazos, callaste mi boca con tus labios. Y es que tampoco iba a decir nada, no quería privarme del sabor de tus besos.¡ Dios! Cuanto te había echado de menos. Y como si me leyeses el pensamiento susurraste:
-Te Quiero, mi amor. Creía que me volvía loco si no podía volver a besarte. No pienses más tonterías, cariño- Tus manos recorrían mi espalda sin parar y mi cuerpo temblaba sin poder controlarlo- Es difícil y muy duro, lo sé-continuaste sin dejar de besarme-Pero te necesito a mi lado para conseguirlo. Ya no quiero pensar en un mañana si no es contigo¿ Crees que para mi es fácil? ¿ Crees que no me rompo de dolor cada vez que tengo que dejarte? ¿ Piensas que no te deseo? ¡ Dios! Si hay veces que me vuelvo loco por tenerte…
Con cada una de tus palabras, mis ojos eran un torrente de lágrimas. Lloraba de felicidad, lloraba por tanto dolor acumulado, por tantas frustraciones pasadas. Lloraba porque eras mío, porque querías serlo completamente. Lloraba y lloraba sin poder dejar de hacerlo.
- No llores más, mi cielo, por favor -dijiste mientras intentabas secar mis lágrimas, sin darte cuenta de las tuyas. Yo si que me la dí, y al verte llorar, creí que mi corazón explotaba de tanto amor.
- Te quiero, Te quiero, Te Quiero- era lo único que podía y quería decir. No deseaba despegarme un milímetro de tu piel, de tus brazos-Te Quiero…
- Lo sé, amor, lo sé. Yo también Te quiero, más de lo que puedas imaginar. Perdóname , cariño, por todo lo pasado, por todo lo de ahora, por todo lo que pasará después, perdóname y quédate conmigo, no vuelvas a dejarme sin ti, porque la verdad es que no se como consigo respirar cada vez que te tengo enfrente y no puedo tocarte.
Negué con la cabeza una y otra vez, besándote, diciendo sin palabras que ya no nos hacían falta más perdones. Estabas allí y no había nada más.
Sin saber como, estábamos en mi habitación, en el lugar donde tantas veces te amé en soledad. Tus ojos se clavaron en los míos y vi reflejado tanto amor… y aun así pregunté:
- ¿ Estás seguro? No me hagas más daño… Con toda la suavidad que te fue posible, me tumbaste en la cama y apoyándote en mi pecho, susurraste algo que yo había ansiado escuchar tantas veces: - Estoy Seguro, pero no de ahora. Estoy seguro desde el momento en que me di cuenta que estaba enamorado de ti. No solo tú has soñado este momento, yo lo tengo clavado en mi alma, y no puedes imaginar la impotencia que sentía cuando intentaba explicártelo y no me creías-Levantaste un poco la cabeza, para poder mirarme-No hay más verdad que la que siempre te dije, no me es fácil encontrar escusas, no me es fácil mentir. Tienes que creerme, mi vida. Di que me crees…
- Es lo que me hace falta, amor, creerte, necesito creerte, lo necesito…
Y no nos hicieron falta más palabras. La ropa fue cayendo como fueron cayendo cada uno de nuestros miedos. Tu piel y la mía eran una sola. Nuestros cuerpos vibraban al compás de los latidos de un solo corazón, los besos eran eternos con el suspiro que acompaña un gemido y un Te Quiero. Estabamos unidos por unas maravillosas cadenas que eran nuestros brazos, no queriendo que nos despegasemos jamás. En ningún lugar del mundo se hizo tan real la frase: hacíamos el Amor. O tal vez, el Amor nos hacía a nosotros.
Empapados en sudor y al borde de rompernos de tanta felicidad, casi como si de una misma voz se tratase los dos gritamos en un susurro:¡ Te Quiero!
Y abrí los ojos…estaba sola, como siempre y como siempre se repetía este sueño, tanto dormida como despierta. Y hoy que he vuelto a soñarlo, plasmado en unas letras, quiero dejar de hacerlo. Y como en esa película, esa que tu me decías que yo te hacía sentir, pongo el The End, para intentar acabar así con este sueño, que nunca fue y que nunca será.
Aceptar de una vez la realidad de cómo ocurrieron las cosas, sin tratar de justificar nada, ni a ti, ni a mi misma. Lo hecho, hecho está, lo sentido, sentido fue. Si te quise con toda mi alma quizás fue mi error. Si te deseé tanto que creí deshacerme, esa fue mi penitencia. Si te creí una y otra vez, esa fue mi ingenuidad. Y tu, si no supiste quererme, no me debe importar. Si no pudiste desearme, no debiste fingir.
Al menos yo siempre gané, porque los días en que te amé y te desee, me llevé sueños, días y noches llenos de colores tan hermosos que parecía que pudiese andar sobre ellos. Y hasta del dolor me llevo algo…fortaleza. ¿ Y tu? ¿Qué te llevas? Tanto como diste…nada. Y aunque no lo sepas, esa será tu pena, vivir vacio a los sueños, al amor e incluso al dolor. No lo sabrás nunca pero…¡No sabes lo que te pierdes!
Así que, amor mío, como si de una película se tratase, a este bendito sueño le añado: The End. ( y a mi vida: to be continued).

No hay comentarios: